martes, 19 de enero de 2010

El periodismo muerde a la realidad por Steve Salerno

Es la medida de la obsesión de los medios con su argumento de “¡los pederastas hacen estragos!” que tantos de nosotros conocemos los nombres de pila de las víctimas: Polly, Amber, JonBenet, Danielle, Elizabeth, Samantha y ahora esta Madeleine. Claramente estos crímenes fueron y son horribles y nada aquí intenta minimizar la perdida de los padres. Pero algo mas se ha perdido en la oferta cuando los periodistas incansablemente provocan miedo a los extraños, seguido de los segmentos del noticiario nocturno acerca de los ciber acechadores y el del “violador en tu vecindario” hasta las series “reality” como “Para atrapar a un predador” de Dateline. Ese “algo mas “ es la realidad.
De acuerdo al departamento de justicia de los Estados Unidos, en un año dado hay cerca de 88,000 casos de abuso sexual documentado entre menores de edad. En los aproximadamente 17,500 casos en donde se involucran niños de entre 6 y 11 años, los extraños cometen solo el cinco por ciento de las veces –y solo 3 por ciento cuando la víctima es menor de 6 años-. (Más aún, mas de un tercio de tales abusadores sexuales son menores de edad ellos mismos, que pueden no ser verdaderos “predadores” si no a lo mucho adolescentes confusos o descontrolados.) En total, las probabilidades que uno de los 48 millones de niños americanos menores de 12 años encuentren algún adulto pedófilo en un parque local son sorprendentemente remotas. El Instituto de Investigación y Prevención de Abuso Sexual a Niños lo pone de esta manera:”Hoy día, nuestros esfuerzos están enfocados a la protección de nuestros niños de los extraños, cuando lo que en realidad necesitamos es enfocar el 90% de nuestro esfuerzo en proteger a los niños de abusadores que no son extraños.” Esa es la manera diplomática de decir la incómoda pero verdad respaldada con los hechos: Que si su niño no es abusados en su propio hogar –por usted, una persona cercana o alguien mas que usted invite- es probable que su niño no sufra ningún abuso en ningún lugar. La cobertura de los medios ha invertido precisamente la realidad y el riesgo de un asalto sexual. En el camino, también ha invertido el género de las víctimas mas trágicas: A pesar del interminable desfile de caras femeninas en la TV, los niños tienen mas probabilidad de ser asesinados en el transcurso de tal abuso.
Pensamos que conocemos las fallas del Gran Periodismo por sus muy cacareados lapsos -sus escándalos, metidas de pata, desmoronamientos- así como su reciente caterva de personajes de las empresas que revelan todo. Como cuando Dan Rather salió al público con una sensacional noticia basada en documentos falsos: cuando el Atlanta Journal Constitution etiquetó erróneamente a Richard Jewell como el que estalló la bomba en el parque olímpico; cuando Dateline recurrió a cargas explosivas en tanques de gasolina de camiones “inseguros” que Dateline había probado anteriormente y que neciamente se negaron a explotar por si mismos; cuando Jayson Blair del New York Times obtuvo la primicia de una noticia sobre otros reporteros que trabajaban en el mismo tema citando fuentes que no existían…Vemos estos incidente como atípicos, las excepciones que prueban la regla.
Tristemente, estamos equivocados. Para argumentar que un decidido descuido se ha colado en el periodismo o que los medios han sido “secuestrados por [inserte aquí a su agenda política favorita]” tristemente estamos fallando el punto real; eso sugiere que lo único que necesitamos para arreglar las cosas es filtrar la inclinación política gratuita o corregir el rumbo para ser un poco mas objetivos. De verdad, el sistema actual de entrega de noticias es una empresa cuyos protocolos, procedimientos y presunciones subyacentes todos garantizan que no pueda triunfar con auto descrita misión. El periodismo de emisión (TV y radio fundamentalmente) en particular está tan viciado de tal manera que su utilidad como herramienta para iluminar la vida, es casi nula.
“Nos das 22 minutos de tu tiempo y nosotros te daremos…¿Qué cosa exactamente?
Vemos las noticias para “ver como va el mundo.” Per inmediatamente hay una anormalidad. En su concepción clásica, el valor de las noticias está construido sobre unos cimientos anormales: “el hombre muerde al perro,” para usar el trillado ejemplo escolar. El significado de esto no puede ser exagerado. Significa que, por definición el periodismo es su forma mas básica trata de lo que no es la vida.
Sin embargo, los periodistas estrella ponen gran distancia de su herencia del “hombre muerde al perro.” Admitir que lo que están presentando es en gran parte marginal (o en el mejor de los casos “música de fondo”) desinfla la relevancia del periodista en un ambiente en donde los miembro de la Liga Mayor de los Medios se han empezado a considerar ellos mismos como chamanes y oráculos de los últimos tiempos. En una memorable pieza del 2002, “El Peso del Presentador,” el columnista Frank Rich lo puso de esta manera, al considerar a los entonces 3 grandes: Brokaw, Jennings y Rather: “No son completamente estrellas de cine, no representan completamente a la oficialidad, pero son mas famosos que las mayoría de las estrellas de cine y mas poderosos que la mayoría de los políticos.”
Así, el periodismo como se practica actualmente lleva dos mensajes contradictorios: que lo que se le pone enfrente es (a) de interés periodístico (bajo el estándar del hombre muerde al perro), pero también (b) captura el zeitgeist (el signo de los tiempos). (“Usted nos da 22 minutos, nosotros le damos el mundo,” se regodean todas las estaciones de radio en el país.) Los noticieros no pueden entregar simultáneamente ambos. En la práctica fallan en ambos. Pintando la vida en términos de sus rarezas, el periodismo presenta no una fotografía de tu mundo, sino algo mas cercano a un negativo fotográfico.
Aún cuando el periodismo no le da la vuelta a la realidad, esta decorando la información que varía entre inmaterial y engañosa. Por todo su garbo de cinema verdad, el involucramiento del reportero, ejemplificadas en Irak y en la reciente serie de Nighline en Afganistán titulada “la guerra olvidada,” muestra sólo lo que ocurre en las inmediatas cercanías del periodista involucrado. No es muy útil para dar un sentido del progreso de una guerra y puede ser fácilmente contraproducente. Para interpretar tal campo de cobertura como un micro cosmos válido es el equivalente a estar parado en un punto en donde llueve y asumir que llueve en todos lados.
Las paradojas y problemas del periodismo vienen a la cabeza en concepto de “newsmaganization” que inició 60 Minutos y mas tarde la táctica principal de los clones mas populares tales como Dateline, 48 Hours y 20/20. Una de las mas intelectualmente deshonestas cosechas, la “newsmaganization” le presenta a los televidentes con un guiso cocinado con:
Un puñado de sonidos persuasivos seleccionados de fuentes anecdóticas.
Encuestas de opinión (que no nos dice nada excepto que lo que la gente piensa es verdad).
Estadísticas que no tienen peso real evidente y/o escasa relevancia con el punto que están tratando de “probar.”
Forzando las fallas de lógica tales como el razonamiento post hoc ergo Procter hoc (Falacia de la lógica de creer que una sucesión temporal implica una elación causal).
Defectuosas, o al menos suposiciones sin probar de “expertos” u otra “sabiduría popular” que no ha sido seriamente examinada,
Un conocimiento de los pensamientos más profundos o motivos de la gente (como cuando un corresponsal de la Casa Blanca descalifica las declaraciones del presidente para revelarnos “la verdadera agenda del presidente”), etc.
Un caso: El 5 de noviembre del 2004, Dateline de la NBC construyó un caso acerca de los peligros de la cirugía de bypass gástrico. El tema era natural para Dateline, ya que el propio Al Roker de The Today Show, quien hizo la mayor parte del reportaje, se hizo la cirugía y alcanzó una sorprendente pérdida de peso. Para la puesta en escena, el presentador Stone Phillips hizo notar que la tasa de mortalidad esperada para un bypass gástrico es de 1 en 200. (Traducción: La tasa de supervivencia es de 199 en 200, o 99.5 por ciento) Phillips entonces le pasó la palabra a Roker, el afable hombre del tiempo que paso unos momentos de alegría de su propio éxito, para luego poner una cara sombría al seguir la trágica saga de Mike Butler, que murió después de la cirugía. La história de Butler consumió los siguientes 30 minutos de la hora que dura la transmisión, puntualizada por el obligatorio soliloquio nostálgico de la joven viuda de Buttler. Así, cubriendo un procedimiento que ayuda (o al menos no mata) al 99.5 por ciento de los pacientes, Dateline eligió decir la historia en términos del 5 por ciento con final trágico.
Si la NBC hubiera buscado presentar equitativamente lo bueno y lo malo del bypass gástrico le hubiera dado sólo 1/200vo -sólo 18 segundos- a Buttler. Es más ¿no hubiera sido periodísticamente mas responsable para Dateline dedicarle una buena porción de la transmisión a los riesgos de la obesidad mórbida por si misma, que sobre pasa con mucho los riesgos de una cirugía de bypass gástrico?
Hagas las cuentas…por favor
Un factor subyacente aquí es que los periodistas no entienden la diferencia entre los datos aleatorios y las pruebas estadísticas genuinas, o encuentran estas diferencias inconvenientes para un propósito mas grande: hacer las noticias dramáticas y accesibles. Los medios necesitan un argumento –una narrativa coherente, idealmente con un héroe y villano identificables- Como alguna vez Tom Brokae dijo , quizá revelando mas de que quería, “todo es contar historias, ¿sabes?, Eso es de lo que se trata el periodismo.” La corriente dominante del negocio del periodismo está tan desacostumbrado a lidiar con asuntos a cualquier nivel de complejidad y matiz que suelen sobre simplificar sus historias al punto de caricaturizarlas.
El mejor ejemplo contemporáneo es la dicotomía del estado rojo/estado azul, invocada como una metáfora fácil para expresar un cisma filosófico que supuestamente divide a las “dos Américas.” Viendo a Bill Schneider de CNN con sus mapas en la noche de elección del 2004, dibujando escuetas líneas entre los colores, uno podría haber pensado que no hay republicanos en California o que un demócrata que llegara a los límites con Texas sería regresado a punta de pistola. Pues bien, adivine que: la dicotomía no existe –ciertamente no en la manera en que los periodistas usan el término. Es sólo una ficción sexy y disponible que usan los medios. Aunque California le dio aire a Kerry en el 2004, unos 5.5 millones de californianos votaron por George W. Bush. Estos votantes representaron el 45% del total del electorado y constituyeron un número mayor de votantes de los que Bush obtuvo en cualquier estado que haya ganado, incluyendo a Texas. Hablando de Texas: Ese yanki de John Kerry obtuvo 2.8 millones de votos ahí. Dos punto ocho millones. Y todavía escuchar a la prensa decir que California es profundamente, azul, mientras que Texas es de un deslumbrante y monolítico rojo. Tales fabricaciones no solo son tontas. Se vuelven institucionalizadas en la cultura y colorean –en este caso literalmente- la forma en la que los americanos ven a la nación en la que viven.
El mítico paradigma del estado azul/rojo es solo uno de los mas elocuentes indicadores de la incapacidad general que los medios exhiben al momento de trabajar con datos. Un manojo de eventos aleatorios no hacen una “¡perturbadora nueva tendencia!” –pero eso no detiene a los periodistas de encontrar patrones en las casualidades. Considere a los rayos. Matan con una inquietante predictibilidad: Cerca de 66 americanos cada año. Ahora bien, los rayos pueden matar a esas 66 personas mas o menos de forma distribuida durante la primavera y el verano, o puede, en teoría, matar a la mayoría de ellos en un terrorífico domingo de mayo. Pero un terrorífico domingo de mayo no necesariamente significa que vayamos a tener un años en el cual los rayos maten a 79,000 personas. (No mas si hubiera matado a media docena de personas con apellido Johanssen en ese domingo significaría que los rayos tienen repentinamente como objetivos a los suecos). Aún así puede apostar a que si media docena de personas muere en un domingo por los rayos, pronto verás un reportaje especial con los titulares diciendo: RAYOS: ¿ESTAN AHI PARA MATARNOS? Vemos esta propensión con los ataques de tiburones, meningitis, el año aquel con la racha de fatalidades en los parques de diversión y cualquier otro número de “manojos de eventos aleatorios” que ocurren sin que nadie los pueda explicar.
Los periodistas sobre reaccionan a eventos que caben muy bien dentro de las leyes de las probabilidades. Tratan el hecho de que algo pasó como si nunca hubiéramos tenido una razón para pensar que pudiera haber pasado –como si hubiera sido un nuevo tipo de evento riesgoso sin causalidad antes prevista. ¿Los Estados Unidos se volvieron mas vulnerables el 11 de septiembre? ¿O ya era vulnerable desde antes? Y de verdad se puede argumentar que los Estados Unidos son menos vulnerables, precisamente por la vigilancia que se agregó inspirada por el 11/9. ¿Es así como los medios juegan? De igual manera un puente que colapsa no le da la razón a los periodistas de pensar de forma visceral que todos los puentes de la nación son menos seguros que lo que han sido por décadas. Ciertamente no es una razón para llegar a la conclusión de que la infraestructura de la nación se esta desmoronando, que es como muchos de los mayores noticieros pusieron el colapso del puente de la carretera interestatal 35W en el verano del 2007. Como Freud lo pondría, algunas veces el colapso de un puente es solo el colapso de un puente. Así que, el periodismo necesita una história.
Para un ejemplo de libro de texto de la esterilidad de lo mucho que se presenta como “encabezado” de noticias, considere el Indice de Confianza del Consumidor y la cobertura que le dan los medios. Por décadas, tales índices le han estado diciendo a los Estado Unidos como se siente acerca de sus prospectos económicos. El índice mejor conocido se ha compilado desde 1967 por el Conference Board, una organización no lucrativa que data de 1916. El índice del Board es un compuesto arbitrario de indicadores que tienen su raíz en cinco igualmente arbitrarias preguntas que se envían a 5000 hogares. (¿Ve mas difícil o mas fácil obtener un trabajo el año que viene?) el martes 30 de octubre del 2007, el Board reportó que el último ICC había caído al punto mas bajo en dos años. Los medios le brincaron a la historia, como siempre que el ICC cae (las subidas del ICC rara vez se reportan con el mismo fervor.) Como la mayoría de sus contrapartes nacionales, sin duda, una red afiliada de Filadelfia envió a su reportera de asuntos del consumidor a rondar por las calles para encontrar consumidores que no tuvieran confianza. Tuvo éxito.
Pocos reporteros se molestan en mencionar que, habitualmente, solo hay una tenue conexión entre los números del ICC y del gasto real de los consumidores o de la salud general de la economía objetivamente medida. De hecho, solo unos días después de la aparición del reporte a la baja del ICC, el departamento del trabajo reportó que la economía había generado 166,000 nuevos empleos en octubre del 2007 –el doble de los pronosticado- Esa estadística, que mide la realidad, no obtuvo ni de cerca la misma atención del ICC, que mide percepción.
Recapitulemos. Tenemos una extravagante métrica que es solo una compilación de opiniones, que esta adornada con mas opiniones de lo que por ahí pasan y luego es sujeta a un análisis en el estudio (mas opinión). Todo esto se le presenta a los televidentes como…noticias. El problema de la sociedad es que dándole una prominencia a encabezados sin sentido o a eventos marginales exalta esos eventos al status de sabiduría convencional. “El reportaje le confiere legitimidad y relevancia,” escribe Russell Frank, profesor de ética periodística en la Universidad Estatal de Pennsylvania. “Cuando un periódico pone cierta nota en la página uno o un noticiero lo pone en la parte inicial de un programa de 22 minutos, le esta diciendo a su audiencias, en términos muy claros, que ‘esta historia es importante.’” La naturaleza auto realizadora debería ser clara: Las organizaciones de noticias deciden que es lo que es importante, dale vueltas a su gusto, cobertura hasta las nauseas, entonces descríbelo –sin ironía- como “el gorila de 400 kilos” o “el asunto que no se irá.” Esto no es muy diferente a los comerciales promoviendo sus comedias y dramas de los que “todo mundo esta hablando” con la esperanza de atraer gente a ver programas de los que aparentemente nadie esta hablando.
Esta noche a las 11…¡El Apocalipsis!
Todavía peor que darle relevancia a una historia que representa solo el 5% de la realidad, es la cobertura de “noticias” que representan el cero por ciento de la realidad. Literalmente no hay historia. Aún así si la no historia satisface otros requerimientos, se hará el reportaje de todas maneras. Esta verdad no estaba perdida con David Brinkley, quién al final de su vida, observó. “La única función que los noticieros ejecutan muy bien es aquella en que cuando no hay noticias, las damos con el mismo énfasis que si hubiera.”
El 9 de junio del 2005, como parte de las series de “Actualizaciones de seguridad,” la CNN sacó al aire un reportaje especial titulado “Manteniendo la leche segura.” Sobre imágenes de adorables niños de primero de primaria bebiendo de los envases de cartón, la CNN le dice a los televidentes que la cadena que va de la granja a los estantes es vulnerable en cualquier punto, empezando con la vaca, con gran drama, el reportaje enfatiza las terribles consecuencias que tal manipulación pudiera tener. En ningún lado la CNN menciona que en la historia de la industria lechera, no ha sucedido ningún incidente de manipulación confirmado en la cadena de suministros, debido al terrorismo o a cualquier otra cosa.
De manera similar, después de los tsunamis que golpearon Asia cerca de la navidad del 2004, Dateline no perdió tiempo en buscar a un alarmista que pudiera traer la tragedia mas cerca de casa: el familiar motivo ¿Podría suceder aquí? Los productores del show encontraron a Stephen Ward, un doctorado de la Universidad de California en Santa Cruz. En enero del 2005, los televidentes de Dateline de la costa este escucharon a Ward predecir una anomalía geológica en su océano próximo que podría generar el equivalente a “todas las bombas de la tierra” estallando a la vez. El evento que profetizó Ward desataría una ola sobre Nueva York conteniendo “15 o 20 veces la energía” de los tsunamis asiáticos. Como telón de fondo, Dateline presentó a sus televidentes con espectaculares escenas de “El Día después de mañana” mostrando los símbolos de referencia de Manhattan desapareciendo debajo de una descontrolado y espumoso océano.
Pero para una pura y alterada absurdez, es difícil vencer lo que tomó lugar a mediados de septiembre de 1999. Por seis días enteros, los periodistas se comportaron como si existiera una y solo una historia: el huracán Floyd. La tempestad televisiva comenzó cuando la tormenta real se encontraba se encontraba cientos de kilómetros mar adentro, sin ninguna certeza de que tanta amenaza representaba Floyd, o si se desvanecería antes de tocar tierra (como suele suceder –Katrina cambió la forma en la que pensamos acerca de los huracanes, pero Katrina es un evento de una vez cada generación). Esto fue el sábado. Para el martes, el huracán en ausencia había engullido a todos los noticiaros nocturnos. Mientras que los residentes de las áreas en las que se proyectaba que Floyd pasaría eran evacuados, el otro lado de la carretera estaba taponado por equipos de noticieros en su camino a la costa. Para el miércoles todas la cadenas tenían a sus corresponsales con sus parcas parados en una playa, con cada corresponsal inclinado mas mojado y con viento que el anterior. Entre todo esto estaban las entrevistas con los hombres (y mujeres) de la calle –así como con compañías de seguros, oficiales de servicios de emergencia, restaurantes locales y similares. Privados de un huracán real que mostrar durante este enfebrecido desarrollo, el programa The Today Show pasó al aire viejas tomas del huracán Hugo cuando golpeó Charleston, como una sombra del mazo que presagiaba el desastre que se aproximaba.
El huracán Floyd causó un daño respetable cuando finalmente tocó tierra el jueves: 57 muertos y un estimado de 6 mil millones de pérdida en propiedades. Pero es aquí en donde las cosas se ponen curiosas. Para el momento en que Floyd golpeó, el interés de los medio había decaído. En la televisión al menos, la cobertura subsiguiente se despachaba en un día mas o menos, con miradas ocasionales que ocupaban unos pocos momentos del tiempo aire en los noticieros subsecuentes. En resumen, la cobertura de Floyd antes de que fuera real hizo ver como enana a la cobertura una vez que de verdad se volvió historia. Evidentemente conjurar la imagen de grandes olas golpeando la costa fue mas excitante para los productores de noticias que filmar a los reales propietarios de casas sacando lodo de sus sótanos.
Las personas de los noticieros de hoy han mejorado en uno de los axiomas eternos de su oficio: “si sangra, vende” (“if bleeds, it leads”) Prefieren el mero prospecto de malas noticias a la mayoría de las otras que si ocurrieron. El resultado es periodismo como lo haría Stephen King: la persecución vendedora del cataclismo a la vuelta de la esquina, completada con un escenario con luces y escenas ficticias para efectos dramáticos. Seguro, la cámara ama el suspenso. Pero… ¿es el suspenso noticia? ¿Realmente es noticias que alguien crea que un huracán puede matar a miles? Puede no matar a ninguno, lo que es históricamente mas cercano a la realidad. Un periodismo honesto espera a ver que es lo que hace la tormenta y entonces lo informa.
Concedido, Floyd pegó durante una semana tranquila. Lo que sigue, sin embargo es un ejemplo de los eventos que fueron largamente ignorados mientras que los medios se reunían para esperar la llegada de Floyd:
La casa de representantes tomó una dura postura con el dinero fácil, aprobando límites en los gastos de campaña.
La comisión de igualdad en las oportunidades de empleo lanzó una investigación del cariño a los fondos de pensión que las corporaciones norteamericanas para su balance de efectivo, un asunto que ha afectado a millones de trabajadores y se espera que afecte a otros millones mas.
Los 17 miembros de la comisión conjunta de seguridad emitieron un escalofriante informe del manejo de aplicaciones de autorización de seguridad. Esto, recordemos, fue dos años antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre.
También tuvieron una cobertura equivalente al bostezo esa semana en la que tuvieron lugar los atentados terroristas en Rusia y el horroroso y continuo holocausto en Timor Oriental.
El avance que le dieron a Floyd describe una siniestra tendencia de los noticieros de televisión hacia el teatro. Fuimos testigos del mismo fenómeno durante la operación Tormenta del Desierto, el Y2K y las acusaciones en contra de Clinton, entre otras.
Las cruzadas con estilo postmoderno
Estas flaquezas no son tan notables –o mas de una amenaza a la integridad periodística- que cuando se fusiona en una causa: el llamado periodismo “social” o de “defensa.” Para empezar, hay preguntas legitimas acerca si el periodismo debe de tener causas. ¿El periodista sabe por si solo, que es objetiva y abstractamente bueno o malo?¿Que es lo que merece ser reformado o apoyado? En el momento en el que los periodistas piden licencia para cubrir eventos con empatía o cínicamente, nos enfrentamos al problema de que se debe cubrir con empatía o con cinismo, en donde dibujar tales líneas y –sobre todo- quien las va a dibujar. Existen muy pocos asuntos que unen a la humanidad entera. Sin embargo, como redijo Tom Rosentiel del Proyecto por la Excelencia en el Periodismo a USA Today, “Los noticieros han encontrado que pueden crear mas… identidad creando franquicias alrededor de asuntos o alrededor de un punto de vista.”
Peor, para nuestros propósitos, los datos en los que los periodistas basan sus cruzadas están tomados de los mismos marginales que se discutió anteriormente. Cuando se descubrió que Francisco Serrano estaba viviendo en la preparatoria a la que alguna vez asistió, los medios cubrieron la historia del 2005 como si cada preparatoria norteamericana tuviera a media docena de gente sin techo viviendo adentro. Ese episodio, aunque extraordinariamente raro si no es que el único de su clase, se volvió una ventana para ver las fallas sociales de la nación.
En su forma de pensar y su metodología, los periodistas de hoy recuerda al policía de homicidios, una vez que tiene un sospechoso, empieza a buscar evidencia específicamente en contra de ese sospechoso, descartando la información que contradice su nueva teoría del crimen. Demasiados periodistas piensan en términos de apoyar un argumento preconcebido o desarrollan un sentido de narrativa ganado muy temprano en su investigación. Esta forma de pensar se formaliza en el premio mas alto del periodismo. El premio Pulitzer. Tradicionalmente, las historias merecedoras del Pulitzer revelan el oscuro (y a menudo, estadísticamente insignificante) lado de la vida americana. El premio Pulitzer del 2007 para “el periodismo de servicio público” fue para el The Wall Street Journal, por su “creativa y comprensiva prueba de las opciones de acciones bursátiles retroactivas para los ejecutivos de negocios…” El diario reportó de “posibles” violaciones en aquel entonces de 120 compañías bajo investigación Hay 2,764 compañías en las listas del New Cork Stock Exchange, el índice NASDAQ le agrega otras 3,200. No es por descartar la sinceridad y diligencia del trabajo de The Wall Street Journal, ¿pero cual fue el resultado obtenido al final de todo esto? ¿Que 120 compañías (0.02) “posiblemente” hicieron trampa? O que –al menos hasta donde todos saben- ¿al menos 5,844 no lo hicieron?
Alimentos para el pensamiento. Cada vez que viajo en avión, me sorprende que esas enormes maquinas aladas puedan despegar del suelo y no bajan de nuevo hasta cuando se supone que deben de hacerlo. Piense acerca del promedio de fallas de productos comunes: Los focos se funden, las bandas de los coches se pegan. Los refrigeradores dejan de enfriar. Pero los aviones no se estrellan. Hablando actuarialmente simplemente no se estrellan. El proceso completo de los vuelos comerciales y los sistemas que los apoyan es notable. ¿Entiende completamente eso? Yo no. Estoy seguro que mucha gente tampoco. Aún así, usted no ganaría un premio Pulitzer por un artículo que lance una luz en la miriada de “pequeños milagros” que conspiran para producir una normalidad, estabilidad y éxito de la aviación. Se reirían de usted en las salas de noticias tan solo por proponer tal asunto (a menos que lo haga con ese tono de sentirse bien que los editores gustan de darle a las audiencias como regalo por las fiestas) Que se caiga un avión , sin embargo –un avión, una vez- y tendrá a un reportero que encontrará a un empleado de la torre de control que trabaja demasiado o alguna otra aberración que pudiera haber causado el desastre y ¡voila! Usted está en el territorio de los Pulitzer por escribir acerca algo que –esencialmente- nunca sucede.
Así como hay periodistas que cuando se quedan sin noticias las pueden crear, hay periodistas que se quedan sin noticias y las pueden inventar. No es difícil de hacer. Todo lo que se necesita es un hecho o dos, los que luego “contextualiza” con mas de las llamadas opiniones de expertos. El 10 de diciembre del 2004 fue una noche para exponer aquellas bien conocidas guaridas de iniquidad que se disfrazan como asentamientos Amish . Las historias acerca de la violación e incesto entre los Amish apareció en dos programas Dateline y 20/20. La historia del programa Dateline incluso hizo referencia al personaje principal en la historia que salió una hora mas tarde en el programa 20/20 –lo cual le da una idea de que tan común puede ser el abuso, si periodistas experimentados deben de coreografiar sus revelaciones alrededor del mismo incidente. Eso nos trae a Elizabeth Vargas y su pregunta para el experto en asuntos de los Amish del programa 20/20: ¿Qué tan extendido es este abuso? En medio de secuencias de niños adorables paseando en un camino oscuro con tirantes y sombreritos, el experto le dice a Estados Unidos que “no es una burda excepción.”
¿Qué clase de reportaje es ese? ¿Esto indica que se abusa del 1 por ciento de los niños amish? ¿diez por ciento? ¿cuarenta por ciento? ¿Quién sabe?
Esto es lo que pasa por periodismo investigativo estos días.
Su Mundo… y son bienvenidos a él.
El mundo que nos ha sido “dado” tiene un impacto indiscutible en como los americanos ven y viven sus vidas. (¿cuantos otros eventos se ponen en movimiento por las “verdades” que la gente infiere de las noticias?) Aquí entramos en el reino del reportaje iatrogenico: Daños probables que nunca existieron hasta que el periodismo se involucro. En el periodismo científico en particular, el uso de información anecdótica puede tener resultados que pueden ser cómicos, si no fuera por la alarma pública que a menudo genera como respuesta.
Adivinanza: ¿Cuántos americanos murieron como por el mal de las vacas locas? Antes de que responda, echemos un vistazo a Inglaterra, en donde el miedo comenzó alrededor de 1995 en donde se encontró que unos cuantos rebaños de ganado estaban infectados. Primero que nada, en las vacas mismas, lo que llamamos el “mal de las vacas locas” es técnicamente una encefalopatía espongiforme bovina, o ESB. Cuando la ESB salata los humanos, se manifiesta así misma como algo llamado variante de la enfermedad de Creutzfeldt Jacob o vCJD (por sus siglas en inglés) (La CJD “no variante” sucede independientemente de las vacas y puede ser hereditaria) Se estableció una conexión entre el ESB y el vCJD en 1996. Los reporteros británicos estuvieron correteando epidemiólogos que estuvieran alarmados con el descubrimiento, algunos de los cuales pusieron servicialmente la cuota de muertos en 500,000 para los siguientes años.
Para finales del 2006, el final de la primera década documentada del mal de las vacas locas, El Reino Unido confirmó la muerte de 162 personas –nada que despreciar, pero que esta muy lejos de los 500,000 (sin temor algunos los emprendedores reporteros británicos comenzaron a hablar del mal de las “ovejas locas”. No es broma) ¿Y en los Estados Unidos? El Centro Nacional de Control de Enfermedades (CDC) confirmó dos muertes, ambas de gente que nació y se crió fuera del país. Un tercer caso involucra a un hombre de Arabia Saudita que sigue vivo al momento de escribir esto.
No fue lo que esperabas ¿eh?
Sin embargo, cuando una mujer de Nueva Jersey, Janet Skarek, se convenció de que un brote había matado a sus vecinos, encontró una calida bienvenida en las salas de noticias. Sus graves pronunciamientos levantaron una mini histeria. Aún cuando el CDC eliminó al vCJD como un factor, los medios siguieron atizando el fuego de la preocupación pública, típicamente citando al Dr. Michael Greger, un chef de medio tiempo y alarmista de tiempo completo, que etiquetó al mal de las vacas locas como “la plaga del siglo 21.” Cuando los reporteros necesitan un sonido fatalista acerca de la enfermedad, marcan el número de Greger.
Aunque la historia pudiera recordar el mal de las vacas locas como una patología real, esto es seguro: El miedo provocado por los medios fue fatal para los empleos –mas directamente en la industria de empaquetado de carne, pero también en las empresas relacionadas. Le ha cortado el gusto a los consumidores por los bosteces. Ha causado volatilidad en los precios del ganado. Ha hecho que se agreguen mas protocolos obligatorios que le han agregado cientos de miles de dólares al costo promedio del ganado de los ganaderos para hacer negocios. Ha provocado que nos cortemos nosotros mismos de proveedores clave de carne, fomentando crisis menores en la diplomacia y el comercio. Una encuesta del 2005 reconoce que el costo total del mal de las vacas locas en los intereses agrícolas de los Estados Unidos ha sido de entre 3.2 y 4.7 miles de millones de dólares. Esto, por algo que ha matado menos americanos en 10 años que los 200 que murieron cada mes por que se atragantaron con la comido o sustancias de la comida.
Para escuchar a los medios decir que estamos en perpetuo asedio de alguna Terrible Nueva Enfermedad que Amenaza con Acabar con la Vida como la Conocemos. Es demasiado pronto para llegar a un veredicto en el impacto final de la gripe aviar, pero ese patógeno tendría que haber borrado del mapa varios millones de personas para justificar la publicidad. ¿La enfermedad de Lyme? La Clínica Cleveland tiene esto que decir: “Aunque muy raramente es fatal y muy pocas veces es una enfermedad seria, la enfermedad de Lyme ha sido ampliamente publicitada, frecuentemente sobre dramatizada y algunas veces asociadas a condiciones sin demostrar.” ¿Es una coincidencia que las visitas a los parques nacionales hayan disminuido en 1999, en medio de la cobertura periodística que hizo ver como si la garrapata del venado y el resto de los soldados de a pie de la madre naturaleza le hubieran declarado la guerra a la humanidad? Quizá si. Quizá no.

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